Las patillas engrinchadas
Las historias o cuentos de camino empiezan así:
cuando Juan parranda se disponía a irse a su casa, en una noche solitaria,
silenciosa y oscura, a punto de empezar a llover, en una zona con muy poco
tránsito peatonal, luego de una noche de tragos, de parranda con amigos, de una
bulla fiestera, en que el sentido de la audición, tuvo que adaptarse de golpe
al silencio de la noche, con la respiración agitada por el caminar de la
distancia, con el sonido nítido de cada pisada, trastabillando de vez en
cuando, agarrado la pared en ocasiones, cruzando la carretera viendo a los
lados de forma rígida y ridícula, haciéndolo de forma rápida, dos pasos para adelante,
uno para atrás, un apuradito y brinco hacia la acera del frente, un camino
conocido, que a medida que fue pasando, empezó a lloviznar, una llovizna fría y
que se hacía cada vez mas fuerte y viscosa a lo lejos; potente sueño y
pensamientos de una persona miedosa, caminando cada vez más rápido en lo que se
podía, silencio con lluvia y ruidos fuertes sobre las casas, sobre un pedazo de
metal en el piso, un ruido que atormentaba, era el cerrar de ventanas en casas,
empezó a llover mas duro; empapado hasta el tuétano, parado debajo de un techo,
resguardándose de "no mojarse" los pensamientos cada vez mas
continuos, "que mala suerte con este palo de agua" "con este
sueño" ¡de repente ! Un silbido a lo lejos...otra vez...otro silbido mas
cerca; con los pelos de las patillas de punta, echó a correr por su camino,
duro, sin ver a los lados, asustado, pensamientos en la cabeza tormentosos que
se torcieron e imaginaron de todo en el momento, unas pisadas en los charcos
muy fuertes, ¡eran dos pisadas a la vez! una corrida con la mirada hacia
detrás, un ser venía corriendo en su dirección, chapoteando charcos con una
fuerza enorme; con los pelos de punta corrió lo mas duro que pudo, la piel de
gallina, ya ni la lluvia molestaba, se escuchaba el silbido mas cerca que
nunca, espeluznante, la pea salió como un espíritu del cuerpo, todo era correr
y salvarse en ese momento del ¡silbón!, llegó el cansancio extremo y cayó
de rodillas en el piso, todo mojado y encharcado, cerró los ojos con las manos
en la cabeza, como cubriéndose de algo que le van a pegar. Los pasos se frenaron en el charco,
justo detrás de el y lo que se escuchaba era un Padre nuestro sin pies ni
cabeza, a máxima velocidad, versión mix, con un grito entre tembloroso y
lloroso, el ser lo agarró por la parte trasera de la camisa y lo subió con
fuerzas, ¡no me mates señor silbón! ¡Que silbón, ni que silbón! Quítate los
zapatos, esto es un atraco, inmediatamente llegó el compañero que estaba silbando,
este loco si corre duro. Cuchillo en mano, le quitaron sus zapatos marca OP
(Océan Pacific), también una correa con hebilla sebago y no le quitaron los pantalones
porque estaban mojados de lluvia y meados (las malas lenguas de los amigos
dicen que hasta hecho pupú); no le quitaron ni celular ni mas nada, porque en
esa época no existía tal tecnología, ni móviles, ni pistolas, hasta los atracos
eran estilo vieja escuela, un cuchillo y su respectiva patada por el trasero
(que mal, pero era así). Esta es una historia urbana que ocurrió en realidad en
San Cristóbal, un sitio muy enriquecido
en cuanto a sus leyendas, son muy creyentes de cualquier cuento o cacho de
camino e historias de ellos mismos. Yo, Jason corre que me encantan esos
cuentos, era uno de esos parranderos que se encontraba en esa fiesta esa noche;
recuerdo la necedad de ese amigo querido de irse a esa hora a su casa, por lo
que le tocó ser protagonista y para su mayor mala suerte, yo el narrador, un poco
exagerado, les cuento la historia, pero, eso es lo sabroso de la libertad de
narración. Por los días de los días, seguiré contando entre risas con mis
amigos lo de este protagonista que vio a
el Silbón que descubrió la modernidad y como lo digo yo, desde que llegó la luz
al monte, el silbón es rapero y la sayona trabaja en un ciber café; que rico se
vive la cultura e inocencia de cada pueblo de mi lindo país, cada historia del
verdadero folclor venezolano es espectacular. Les recomiendo como un venezolano
que le gusta este tipo de cuentos, que desde niño en Maracay en casa de mis
abuelos Antonio y Regina escuchaba con el sonido del acetato estos cuentos de
espanto y brinco, que se rebusquen y oigan estas historias, la sayona, el silbón,
Juan machete, el carretón perdido y para los que corren en el Ávila, la
historia del doctor kanoche y cualquier otra que encuentren. Es preferible
acostarse con el miedo a los personajes de nuestras tradiciones, que las
vivencias producto de la cruda realidad de nuestra actualidad. Dulces
sueños.
Coge consejo y llega a viejo
Constantemente las leyendas
llaneras adquieren nuevos matices y alcance en los cuales las personas, los
seres del más allá, las ánimas, los santos y los demonios hacen las más
curiosas jugarretas y siembran su huella de espejismo. Es un asunto serio y
profundo, porque su perfil está en el ancestro, por ello cada quien goza de la
libertad de recrearla a su manera, de enriquecerla con trazos de su
espiritualidad, tal como ocurre con otros temas trascendentales: el amor, el
destino y la muerte. Quién no ha inventado su historia.
Recuerde
que el Llano es un hábito de vida, es una tradición. La Llanura es
territorio de los soñadores, de los hombres y mujeres trasnochantes que vuelcan
en palabras los asombrosos espantos que asolan pueblos y campos, también, los
ríos poblados de animales y peces increíbles, los montes donde las fieras
conviven con las fábulas del jinete arreador de ganado. En todo caso, usted ya está advertido y está
solo...
Isaías Medina López.