Que responsabilidad toca cuando sentimos que un árbol necesita continuar
fortaleciendo cada una de sus diferentes ramificaciones, un árbol genealógico,
un árbol que habla de familia, un árbol que habla de historia; a través de los
tiempos o a medida que pasa el tiempo, se va reduciendo la cantidad de
integrantes de las futuras generaciones, de las diferentes ramas del árbol,
esto, en comparación a tiempos pasados, donde los padres, abuelos tenían hijos
de a montón, épocas donde se formaron familias numerosas; en la actualidad ya
no es así, sea por el modernismo, por el análisis que se hace a la hora de
escoger un nombre, por su significado, por la distancia geográfica en que se
encuentra cada uno de los integrantes de la familia, por eso y por muchas otras
razones toca a los que son herederos en la actualidad, mantener el legado de la
familia, contar las historias y anécdotas a los más pequeños, para que estos
creadores de raza que ya no se encuentran con nosotros queden en la eternidad y
en nuestros recuerdos por siempre. Tengo el gusto de tener a mi mamá Luisa
Acosta, escribiendo hoy sobre el árbol de mi familia, con la razón suficiente, que
hace poco murió el último integrante de una parte muy importante de nuestro árbol
familiar, la Tía Matilde. Así, tomar ejemplo y cada quien a buscar y analizar
sus propios árboles.
El día 05 de Julio, aproximadamente a las 05:00AM se produjo, de forma natural, el deceso de nuestra amada tía Carmen Matilde Acosta Subero de Ramos, a la edad de 92 años, hecho acaecido en la ciudad de Anaco, estado Anzoátegui. Podemos decir que su alma ha partido envuelta en una nube de paz y amor al encuentro de la eternidad, del no tiempo, de los que avanzaron antes, de Dios.
El día 05 de Julio, aproximadamente a las 05:00AM se produjo, de forma natural, el deceso de nuestra amada tía Carmen Matilde Acosta Subero de Ramos, a la edad de 92 años, hecho acaecido en la ciudad de Anaco, estado Anzoátegui. Podemos decir que su alma ha partido envuelta en una nube de paz y amor al encuentro de la eternidad, del no tiempo, de los que avanzaron antes, de Dios.
Matilde o
tía Matilde viene siendo la última sobreviviente de parte muy importante de
nuestro clan, de los Acosta Subero y conversando en mi casa, expresé la
profunda tristeza que me embargaba por el fallecimiento de mi tía, amén, de la
necesidad de perpetuar los lazos familiares al irse evaporando, cambiando de
estado, las ramas principales de nuestra familia, es así como surge la idea de
escribir algo sobre nuestro árbol familiar, por lo que me permito expresar de
manera muy sencilla, algunos hechos, datos obtenidos del libro magistralmente
escrito por Genoveva Marcano “Maestro de
Maestros”, vivencias, información obtenida de boca a oreja, recuerdos
relacionados con la vida y obra de Matilde.
Tía Matilde, sus abuelos:
Celedonio
Acosta, abuelo paterno.
María de la
Cruz López, abuela paterna.
Agustina
Subero, abuela materna.
Tía Matilde, sus padres:
José María
Acosta López, nativo de La Asunción, estado Nueva Esparta, nace el año 1858 y
muere en Majagual, estado Sucre en 1941 a la edad de 83 años.
Luisa María
Subero, descendiente de los indios Guarauno, nace el año 1886 en el Pilar,
estado Sucre y muere en Caripito, estado Monagas el año 1964 a la edad de 78
años.
Tía Matilde, 9 hermanos:
Ana Ventura
Subero, la mayor, es la madre de Ramón Antonio Marcano Subero, ella muere
siendo el muy pequeño, de apenas 3 años de edad.
Pedro
Antonio Acosta Subero, perucho, mi padre.
Jesús Rafael
Acosta Subero, chú.
Eladio
Epifanio Acosta Subero.
Félix
Timoteo Acosta Subero
Vicenta
Gerónima Acosta Subero
José
Pantaleón Acosta Subero, pantín.
Leandra
Agustina Acosta Subero.
Valeria
Bonifacia, facha.
Tía Matilde, 11 hijos:
Luis
Fridolín Ramos Acosta, falleció el 31 de Julio de 1994 en la ciudad de
Valencia, mi primo, mi hermano, mi amigo, mi compadre.
Juan
Francisco Ramos Acosta, tano, como no recordar toda aquella logística
desarrollada para la recolección de almendrones y semillas de merey, la
extracción de las almendras, el tostado de las semillas, y la agonía a la que
nos sometía a todos, al tener que esperar a que terminara todo el proceso para
que por fin se produjera el tan ansiado reparto de tan exquisito manjar, manjar
de los dioses de Anaco.
Miguel Ángel
Ramos Acosta, malos cráneos, con sus pesas, con su lata de leche rotulada con
una calavera, veneno, prohibido.
Esteban de
Jesús Ramos Acosta, ocumo chino, primo de mi alma,
Felicidad
del Carmen Ramos Acosta, chilá, autónoma, valiente, querida.
Gabriel
Darío Ramos Acosta, respetuoso, amable.
Efrén
Antonio Ramos Acosta, la tortuguita, observador, callado, prudente.
Julio Damián
Ramos Acosta, sociable, comunicativo.
Auristela
Agustina Ramos Acosta, frontal, auténtica, compasiva.
Dexi Cira
Ramos Acosta, elocuente, vivaz.
Beatriz del
Valle, la más pequeña, romántica, amorosa.
Tía Matilde: más de 40 nietos y varios bisnietos.
Tía Matilde,
la síntesis bonita de la familia, una mujer cargada de coraje, fuerza,
valentía, trabajadora, con capacidad para multiplicar el pan, para así
alimentar a su frondosa familia, sin que ninguno se quedara por fuera; mujer
hacedora de milagros, al lograr llevar a sus hijos por el camino correcto y
perfecto, sin perderse o desviarse alguno en el trayecto; mujer sabia, que sin
ser letrada, tenía el don de la enseñanza clara y precisa de lo bueno, para que
lo malo no se repitiera nunca jamás; tolerante hasta el infinito, pero firme a
la hora del “ya basta, se acabó, que no se repita”; mujer callada, con gran
capacidad de comunicación no verbal, donde el gesto, la caricia, la mirada,
dicen mas que mil palabras. Con Tía Matilde, además de la afinidad natural,
tuvimos una gran carga de afinidad afectiva, porque desde siempre vivimos muy
cerca, con una casa de por medio, lo que nos permitió conocerla, valorarla,
amarla, hasta lo mas recóndito de nuestras almas. Fuimos testigos de excepción
de su valía como mujer, esposa, madre, nuera, abuela, bisabuela, tía, hermana,
cuñada, amiga, vecina, como ser.
Tía Matilde,
échame la bendición…….
Luisa Acosta